Especialmente útil resulta la Mediación en los conflictos que se generan dentro de la empresa familiar, por su complejidad en cuanto que aunan emociones propias de las relaciones familiares, problemas propios de organización, con carácter laboral y consecuencias básicamente de índole civil y/o mercantil.

Puede suceder, por ejemplo,  que exista una confusión de roles entre los miembros de la familia a la hora de desarrollar sus funciones, la exigencia de sueldos más acordes con las necesidades económicas personales que con la capacitación o productividad, la existencia de malos entendidos exclusivamente familiares que entorpecen la fluidez y coordinación de puestos en el trabajo…y especialmente la negación de cualesquiera conflictos de ambos tipos para evitar que interfiera consecuentemente en el otro campo, lo que no hace sino alimentar el conflicto para su desenlace en un momento posterior, siendo más difícil de gestionar por los propios interesados.

La Mediación, así, resulta de gran ayuda para evitar que los conflictos de índole familiar puedan afectar a la gestión de la empresa y que la referida gestión pueda implicar un deterioro de los lazos familiares, favoreciendo la comunicación y el entendimiento de sus miembros, en un ambiente de total confidencialidad que salvaguarden la viabilidad y reputación de la empresa, creando un nuevo modelo de cooperación de sus integrantes que redunde en términos económicos del negocio.